La advertencia de Armenta sobre el caso Esperanza

La detención este lunes del alcalde de Esperanza, Isaac Rodríguez Ochoa, no es un hecho aislado. Es el séptimo caso de un presidente municipal o exalcalde poblano detenido durante esta administración. Y aunque cada expediente deberá seguir su propio proceso, el número ya obliga a hacer una pregunta incómoda: ¿qué está pasando en los municipios de Puebla para que tantos alcaldes terminaran bajo investigación o detenidos?

En mayo de este año, el gobernador mencionó en entrevista para A Tiempo Noticias, la investigación en curso y los posibles vínculos entre grupos delincuenciales con el alcalde de Esperanza, todo apuntado al robo de transporte de carga en una de las principales autopistas que cruzan por ese municipio. Es decir, ya estaba advertido o por lo menos de conocimiento de lo que se venía.

La detención de Isaac Rodríguez, llega apenas unos días después de la captura del alcalde de Tepeyahualco y se suma a una lista que comienza a ser demasiado larga como para reducirla a una simple coincidencia. Porque hay más nombres aún, faltan más cabezas por rodar, la situación en Puebla políticamente hablando, no es sana en este momento.

No se puede fingir que siete detenciones no dicen absolutamente nada sobre la manera en que se construyeron, revisaron y vigilaron las candidaturas que llegaron a los ayuntamientos. Aquí hoy todos los partidos políticos se están lavando las manos sobre tan impresentables actores políticos que en su momento dijeron “era la mejor opción”.

En el caso de Esperanza, el operativo federal no solamente alcanzó al alcalde. También fueron detenidos su hermano y una exdirectora de Seguridad Pública municipal, entre otros. Pero al parecer y a pesar de que ya era pública su investigación, al señor o no le interesó o se encomendó a la corte celestial que no lo escuchó ni con todo y la fiesta que armó este fin de semana para la comunidad.

Está de más decir, que no es cualquier municipio. Es un punto estratégico en la zona de la autopista Puebla-Orizaba, una región donde el robo al transporte de carga ha representado durante años un problema de seguridad. Que una investigación de esta naturaleza termine alcanzando a la autoridad municipal plantea una cuestión mucho más profunda que la simple caída de un alcalde: ¿qué tan penetradas están algunas estructuras municipales por intereses criminales? Y hay otra pregunta que nadie debería evadir.

¿Quién revisó a estos candidatos antes de que llegaran al poder?

Porque hoy los partidos pueden deslindarse, decir que las investigaciones corresponden a las fiscalías o recordar que cada alcalde responde individualmente por sus actos. Legalmente, pueden tener razón. Políticamente, la explicación es mucho más complicada.

Y esto aplica para todos: Morena, Movimiento Ciudadano o cualquier otra fuerza política.

De hecho, el caso de Esperanza vuelve todavía más relevante la discusión rumbo a 2027: ¿qué filtros tendrán los partidos para impedir que la delincuencia utilice las candidaturas como puerta de entrada a los gobiernos municipales?

Porque si un criminal logra convertirse en candidato, ganar una elección y sentarse en la presidencia municipal, el problema ya no es solamente de seguridad. Es un problema como este caso, de relevancia nacional y que nos afecta a todos.

Pero la verdadera prueba de un gobierno no debería ser cuántos alcaldes logra detener. Debería ser cuántos logra impedir que lleguen al poder cuando existen señales de riesgo. Ahí está la diferencia entre reaccionar y prevenir.

Hoy sería muy irresponsable que la clase política poblana esperara a que apareciera el detenido número ocho para empezar a preguntarse qué está fallando. La advertencia ya estaba sobre la mesa. No por nada Puebla está entre los tres estados con mayor número de asaltos a transporte de cargo sobre sus carreteras. ¡Pues como no!, si quien se supone que está para salvaguardar a los habitantes y a quien pasa por la zona, resulta que es el mismo que pacta con los delincuentes para después “hacerse de la vista gorda”.

Ese es tristemente el nivel de alcaldes y políticos que nos representan, unos verdaderos delincuentes, pero con un discurso tan bien ejecutado que después se nos olvida la calaña que son, así que ojo con el 2027, que estamos a nada de empezar a presenciar los denominados baños de pueblo, de escuchar los discursos que sensibilizan, de un sin fin de politiquería barata, de esa a la que nos tienen bien acostumbrados.

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