El trabajo de Víctor Sánchez Espinosa
La reciente aceptación de la renuncia de Monseñor Víctor Sánchez Espinosa como arzobispo de Puebla cierra un capítulo de más de década y media al frente de una de las arquidiócesis más importantes de México. Sánchez Espinosa firmó su renuncia el 21 de mayo de 2025, al cumplir 75 años, dirigida al papa León XIV, y desde entonces continuó ejerciendo como máximo jerarca mientras el Vaticano resolvía el trámite canónico. Fue designado arzobispo de Puebla en febrero de 2009 por el papa Benedicto XVI, asumiendo el cargo ese mismo año en una misa masiva en el estadio Cuauhtémoc.
Su trayectoria dentro de la Iglesia no fue la de un improvisado. Desde su ordenación en 1976, "Don Víctor" mantuvo un perfil discreto pero efectivo, destacando en tareas específicas tanto en México como en el extranjero. Su especialización en Liturgia en el Pontificio Ateneo San Anselmo de Roma y su labor como formador en el Seminario Palafoxiano le permitieron tejer redes que lo llevaron a fundar la Sociedad Mexicana de Liturgistas, donde fue secretario durante 25 años y presidente por dos más. Ese perfil más cercano al estudio que a la controversia pública, marcó el estilo con el que después gobernaría la arquidiócesis.
Entre los momentos que mejor simbolizan su gestión está la restauración del corazón mismo de la Catedral de Puebla. En octubre de 2019 consagró el nuevo altar de la catedral arquidiocesana, además del nuevo ambón y la nueva cátedra episcopal, obras realizadas por el reconocido taller de arte sacro "Arte Poli" de Verona, Italia.
Su cercanía pastoral se hizo visible también en momentos difíciles para el estado. Ante hechos de violencia, como la masacre ocurrida en Tehuitzingo, el arzobispo llamó a la comunidad católica a la reflexión y la paz, y en otras ocasiones exhortó públicamente a convertirse en "constructores de paz" y a fortalecer la reconciliación social.
Durante la pandemia de COVID-19, cuando él mismo enfermó, la arquidiócesis destacó que el prelado continuó haciendo un llamado a cuidar la salud propia y la de las familias, y a mantenerse unidos en oración por la paz en Puebla y en el país, en un episodio que mostró su disposición a acompañar a los fieles incluso desde la vulnerabilidad.
Pero no todo en estos diecisiete años estuvo exento de tensión pública. Uno de los episodios que más debate generó fue su postura frente a la despenalización del aborto en Puebla. Fiel a la doctrina católica sobre la defensa de la vida desde la concepción, Sánchez Espinosa utilizó la misa dominical y comunicados oficiales de la arquidiócesis para pedir a los diputados locales rechazar la reforma que se discutía en julio de 2024, argumentando que existían temas más urgentes que atender y llamando a los legisladores a no apartarse de sus "principios humanos y morales".
Al conocerse su salida, la respuesta de la clase política confirmó el aprecio ganado durante casi dos décadas. El gobernador Alejandro Armenta agradeció "de corazón" los años que dedicó a servir a Puebla, mientras que el alcalde de la capital, Pepe Chedraui, señaló que "su labor y cercanía con las familias poblanas dejan una huella que siempre será recordada con respeto y aprecio".
Quizás lo más notable de su gestión sea precisamente eso, la ausencia de estridencias. Sánchez Espinosa optó por un camino distinto, sostenido en la formación litúrgica, el trabajo institucional silencioso y la cercanía cotidiana con las comunidades. Se retira, según sus propias palabras, al celebrar sus bodas de oro sacerdotales, alguien que buscó "ser constructor de paz" desde el servicio, no desde la exposición pública.
Con la llegada de un nuevo arzobispo, Puebla cierra una etapa marcada por la continuidad, el trabajo formativo y una relación cercana entre la jerarquía eclesiástica y la sociedad civil poblana, un legado que, más allá de las valoraciones que cada quien pueda hacer sobre la institución que representó, deja constancia de casi cinco décadas de servicio ininterrumpido.
