Estado y BUAP en “La Revolución del Campo”

Es la primera vez que el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Desarrollo Rural, y la BUAP, mediante su editorial universitaria, trabajan de manera coordinada en un proyecto sobre el sector agroalimentario. Este jueves se presenta el libro “La Revolución del Campo”.

Durante años, el conocimiento que se genera en las aulas y el que se construye en la parcela corrieron por caminos paralelos. Hoy se cruzan en un escrito que documenta las políticas públicas impulsadas para beneficiar a quienes producen el alimento: qué se hizo, cómo se hizo y qué resultados dejó. Registrar y sistematizar esa experiencia permite evaluarla, mejorarla y, sobre todo, replicarla.

Los resultados están a la vista. Puebla se ha consolidado como referente en la producción de cempasúchil, cebolla, pitahaya, cilantro, caña de azúcar, café y mezcal. Son cultivos distintos, de regiones y tradiciones distintas, pero con un mismo hilo conductor, productores que encontraron respaldo institucional para dar un paso más allá del campo.

Ese paso tiene nombre: la marca Cinco de Mayo, concebida como detonante para que lo producido en Puebla llegue al mercado con identidad propia. Su primer reconocimiento internacional ya llegó con el mezcal que ganó medalla de oro en Portugal, una señal de que el producto poblano puede competir fuera del país por su calidad. Y todo indica que no será el único. En próximas fechas se prevé otro reconocimiento para el estado, en un país de Sudamérica, de nuevo por el buen trabajo del campo poblano.

Vienen nuevos productos con envases originales, como deshidratados, salsas de tomate, jugos y otros más. Ahí está la clave del futuro rural, dejar de vender solo materia prima y apostar por el valor agregado, por el empaque, por la marca.

La alianza entre Alejandro Armenta como gobernador del estado; Ana Laura Altamirano, secretaria de Desarrollo Rural, y Lilia Cedillo, rectora de la máxima casa de estudios, también envía un mensaje. Cuando la política pública se documenta con rigor académico, gana credibilidad y permanencia. Y cuando la universidad se involucra con la realidad del campo, cumple su vocación de servir a la sociedad que la sostiene.

Falta camino, como siempre en el agro, los retos de comercialización, de acceso a financiamiento y de relevo generacional no se resuelven con un libro. Pero este esfuerzo conjunto marca una ruta clara. Que haya memoria, evidencia y proyecto compartido es la mejor forma de asegurar que la revolución del campo poblano no sea solo el título de un libro, sino una realidad que se pueda medir, contar y heredar.

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