Eduardo Rivera: su memoria se inhabilita

Eduardo Rivera: su memoria se inhabilita

Eduardo Rivera Pérez peca de mala memoria. No es la primera vez que se ve envuelto en un escándalo por presuntas irregularidades en el manejo de los recursos públicos durante su paso por el Ayuntamiento de Puebla. Y, curiosamente, tampoco es la primera vez que recurre al mismo manual para defenderse: la persecución política.

Que antes culpara al fuego amigo panista era creíble, pero que hoy repita prácticamente el mismo guion frente a un gobierno de Morena deja una pregunta en el aire: ¿es el perseguido eterno, sin importar el color de quienes están en el poder, o hay algo más detrás de sus problemas con las cuentas públicas?

Hagamos un poco de memoria, que para eso están las hemerotecas.

El primer round (Cuenta Pública 2013): En diciembre de 2016, el Congreso inició un procedimiento por presuntas irregularidades de 411.6 millones de pesos; en abril de 2017 lo inhabilitaron por 12 años, con una multa de 25.5 millones. Acusó una embestida del morenovallismo y, un año después, libró el golpe con un amparo federal.

El segundo round (Cuenta Pública 2022): Nueve años después, el Tribunal de Justicia Administrativa (TJA) le impone 15 años de inhabilitación y una multa de 15 millones de pesos, por observaciones que alcanzan los 421 millones de pesos. Rivera ya anunció que impugnará.

¿Es una extraordinaria coincidencia? ¿Una persecución que cambia de partido, pero conserva al mismo perseguido? ¿O no sabe administrar sus uñas y sus manos?, dudas legítimas cuando se habla de dinero público.

Que los panistas se pongan a rezar

Ahora bien, ¿quién gana y quién pierde con el caso Eduardo Rivera? Su discurso de defensa, como ya vimos, es el viejo manual de la persecución política. Pero esta vez el golpe lo saca de la jugada rumbo al 2027, mientras intenta solventar los señalamientos. Y, a diferencia de 2017, ya no cuenta con el mismo manto de credibilidad.

El problema es que el golpe no termina en Rivera. Arrastra también a su grupo político, incluida Ana Teresa Aranda, a quien apadrina para buscar la candidatura a la alcaldía de Puebla el próximo año.

En tiempos del morenovallismo, los medios de comunicación estaban más divididos. Hoy el escenario es distinto y pocos quieren jalarle las plumas al águila.

El mensaje es para propios y troyanos: esto va en serio. Y más vale que los panistas se pongan a rezar.

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