La encuesta del PAN trae dedicatoria

Cuentan los que tienen línea directa con el Olimpo blanquiazul que Eduardo Rivera Pérez ya no goza de toda la confianza del CEN del PAN. Y no es para menos: el hombre que alguna vez soñó con gobernar Puebla terminó perdiendo hasta el control de su propio partido.

La factura del 2024 todavía no termina de cobrarse. Perdió la gubernatura frente a Alejandro Armenta Mier, entregó la capital poblana a Morena, dejó como herencia una administración cuestionada por sus números y, para rematar, perdió el control de la dirigencia estatal, que terminó en manos de Mario Riestra Piña, uno de sus adversarios internos.

Por si faltara algo, Genoveva Huerta Villegas le declaró la guerra a las familias conservadoras que durante años han repartido el poder dentro del PAN. Aunque hablar de familias conservadoras en el blanquiazul suene a pleonasmo.

Y aquí viene lo interesante.

En los pasillos del CEN aseguran que Genoveva Huerta tiene hoy más bonos para encabezar la candidatura a la alcaldía de Puebla en 2027 que Ana Teresa Aranda Orozco —la carta de Rivera Pérez—, quien ha optado por una campaña de contraste contra el gobierno estatal y el Ayuntamiento de Puebla.

En teoría, la candidatura se resolverá mediante una encuesta. En la práctica, nos cuentan, la última palabra se pronunciará desde las oficinas de la dirigencia nacional.

¿Y qué será de Eduardo Rivera?

Eduardo Rivera Pérez ya no trae el punch que presumía en 2010 o en 2021, cuando sus bonos políticos cotizaban bastante alto. Pero, hay que decirlo, tampoco está para pedir limosna.

Según nos cuentan las lenguas azules, todavía le alcanza para formarse en la fila de una diputación federal, aunque por la vía favorita de Acción Nacional: la plurinominal. Esa que no exige conquistar las urnas en un distrito, pero por la que todos se pelean como si fuera la última botella de agua en el desierto.

Habrá hueso. Además, ¿para qué desgastar los zapatos recorriendo colonias, tocando puertas y saludando desconocidos, cuando se puede llegar a San Lázaro desde la comodidad de una lista?

Vaya paradoja: el hombre que quiso gobernar todo Puebla ahora tendría que conformarse con una curul que no necesita ganar en las calles.

Caerá para arriba, después de todo. Cobrará su dieta.

Y sin despeinarse.

Rodrigo Abdala: el que pregunta no se equivoca

Cuentan los que conocen los entretelones del Olimpo guinda que Rodrigo Abdala Dartigues no se quedó fuera de la carrera por la alcaldía de Puebla por falta de números, ni mucho menos por ausencia de respaldos políticos.

Según nos cuentan, traía buenos resultados en las encuestas y hasta el visto bueno de quien despacha en el CIS. Pero antes de lanzarse al ruedo hizo lo que muchos políticos olvidan cuando sienten que ya tienen la candidatura en la bolsa: preguntó donde tenía que preguntar.

Y la respuesta fue tan breve como contundente: “Quédate donde estás”.

Resulta que Abdala mantiene desde hace tiempo una relación de camaradería con Ariadna Montiel, además de buenos conductos con las altas esferas de Morena. Por eso, no se aventó como Juan Escutia.

Porque, después de todo, ser delegado federal de Bienestar no es cualquier cosa. Es prácticamente convertirse en Santa Claus sin barba: recorrer el estado, mantener presencia territorial y estar cerca de los programas sociales, sin necesidad de aparecer en una boleta ni abrir frentes con quienes gobiernan.

Al final aplicó esa máxima que nunca falla en política: el que pregunta no se equivoca.

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