600 días sobre la mesa

Ahora viene lo importante: que esos números se vean, se sientan y duren fuera del Centro Expositor, porque los aplausos terminan; las obras deben quedarse.

A ver, a ver. El escenario fue grande, la corbata inevitable y el formato solemne, pero Alejandro Armenta Mier puso sobre la mesa cifras que no son menores: mil 500 millones de pesos para seis mil obras comunitarias; mil 700 millones destinados al campo; cinco mil calles intervenidas y 53 millones de raciones alimentarias entregadas.

Más allá de la escenografía, hay que reconocerle al gobernador que dio la cara y presentó un corte de caja de sus primeros 600 días. Ningún gobierno es perfecto y ninguna cifra está exenta de revisión, pero informar también implica someterse al escrutinio público.

Ahora viene lo importante: que esos números se vean, se sientan y duren fuera del Centro Expositor, porque los aplausos terminan; las obras deben quedarse.

Los bots en la mesa

¿Qué sigue ahora? Las hordas de bots y cuentas anónimas que, según cuentan, se manejan desde un área del PAN; una que otra de fuego amigo —no se hagan, siempre hay fuego amigo—, y las cuentas falsas dedicadas a lanzar estiércol sin sustento y a burlarse de los medios que difundieron el informe.

Pero eso ya es parte del espectáculo. Mientras nadie dé la cara, la pedrada pierde fuerza. Desde el anonimato cualquiera se siente francotirador.

Criticar y oponerse se vale: es parte del juego democrático. El ataque pierde seriedad cuando aparece *AnaTorres09879876*, con seis seguidores y tres videos de gatitos, a gritar: “¡Prensa vendida!”.

Porque hasta entre los bots hay clases sociales. Y esos, por lo regular, son de los más baratos.

Ya quítenle el celular

Ahora Nay Salvatori dice que es independiente, al menos mientras dure su proceso en Morena. Lo que todavía no entiende es que cada aparición, declaración o publicación sólo consigue hundirla un poco más.

El escándalo por decir que las personas mayores de 45 años apestan a baúl, que les “aletea” y que tienen tics ya comenzaba a olvidarse, pero ahí va ella otra vez: primero aseguró que no se disculparía; tres baúles después ofreció disculpas, pero únicamente a quienes “se sintieron ofendidos”.

Luego anunció que dejaría las redes sociales y el retiro le duró diez horas. Casi, casi se fue a meditar a la montaña, conoció a Dios y regresó renovada. Al final, reapareció para burlarse de los medios de comunicación.

Ante tanta frivolidad surgen varias preguntas: ¿quién la asesora?, para jamás contratar a esa agencia de publicidad. ¿Tiene padrino? ¿Quién la protege? Y, sobre todo, ¿nadie le ha recomendado guardar silencio, desaparecer un rato y regresar cuando se calmen las aguas?

Ya quítenle el celular.

Comparte este artículo: