Árbitra corruptaaaaaa

El INE es, otra vez, ese árbitro corrupto en el que nadie confía. Después de aquella campaña de “el INE no se toca”, el órgano encargado de garantizar la imparcialidad de las elecciones mexicanas se desnudó como un vulgar y corriente mercachifle.

El INE es, otra vez, ese árbitro corrupto en el que nadie confía. Después de aquella campaña de “el INE no se toca”, el órgano encargado de garantizar la imparcialidad de las elecciones mexicanas se desnudó como un vulgar y corriente mercachifle.

Su aún presidenta (solo por unas horas), Guadalupe Taddei, otorgó contratos directos y licitaciones por más de 198 millones de pesos para materiales electorales (como cajas y boletas) a las empresas Cajas Graf y Corporativo Zeg.

El problema es que el apoderado legal de estas firmas es José Alfredo Hernández Casillas, un empresario cercano, muy cercano, diría yo, a Taddei, con quien se le vinculó mediante la difusión de videos en reuniones privadas.

¿Pareja sentimental?

¿Roomie?

¿Roomie?

La duda cabe porque calificativos como “mi cielo, hermosa, mi corazón, mami chula” van más allá de una relación puramente laboral, a menos que mi moral no sea tan flexible como para entender que ahora así se le habla a tu socia, clienta, etc. Y para despedirse, un “te amo”.

Después de la filtración de los videos que demuestran esta afectiva relación de parte de Hernández Casillas, incluso hacia el hijo de Taddei, Jorge Francisco Piñeda Taddei, el escándalo mediático tronó. Morena exigió su renuncia y juicio político, y Taddei anunció que deja el cargo, salida que formaliza este lunes ante la Cámara de Diputados.

Para nadie es desconocido que Guadalupe Taddei, además de con Hernández Casillas, también tiene una íntima relación con la 4T; de ahí la urgencia de que se fuera y no pagar los platos rotos de esta nueva mancha a un instituto ya de por sí carente de credibilidad.

Con esa cara sucia, ¿cómo les encargamos la pulcritud del proceso electoral de 2027?

El mirrey del campo

Me cuentan que hace unos días, Omar Díaz Abascal, director general de Transformación, Competitividad y Modernización de la Secretaría de Desarrollo Rural (nombre más largo que su reputación), acudió a la grabación del programa que semanalmente hace esta dependencia en SICOM.

Llegó vociferando:

—¿Y yo qué voy a decir?

Personal del set cometió un “grave error” al preguntar lo que jamás se le debe decir a un mirrey, príncipe encantador, señor de las 4 décadas:

—¿Y tú quién eres? Perdón, es que no te tengo en la escaleta, pero si no, deja le hablo a la maestra (Ana Laura Altamirano).

Poooooootssss, enardeció el símil del “Diamante Negro” versión Amozoc.

—¿Cómo que quién soy? Vengo en representación del gobernador.

Inmediatamente se volteó a uno de sus asistentes, que lo observaba con mirada de “¡Mta, ahí va otra vez!”, y le dijo:

—¡Dame el teléfono del gobernador!

—Yo te lo doy si quieres, o háblale de mi celular, te lo presto —le dijeron.

Entonces, de rojo pasó a morado, a negro, y emprendió la fuga inmediata de un lugar donde no lo merecen.

Alguien debería explicarle a este funcionario de medio pelo que, si algo no soporta el gobernador, es que sus familiares, amigos y mucho menos su equipo de trabajo usen su nombre para este tipo de pataletas propias de un patán.

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