El alcalde de calzones rosas
Le dicen El Diablo de apodo y cobra como alcalde de Chignahuapan. El fin de semana apareció en pleno evento con camisa blanca, shorts rosas, calcetas blancas hasta media pierna y botines negros.
El alcalde de calzones rosas
Le dicen El Diablo de apodo y cobra como alcalde de Chignahuapan.
El fin de semana apareció en pleno evento con camisa blanca, shorts rosas, calcetas blancas hasta media pierna y botines negros.
¿Perdió una apuesta? ¿Le va al América? ¿Le va a las Chivas? ¿O simplemente nadie tuvo el valor de decirle: “presidente, piénselo otra vez”?
Eso sí hay que reconocerle: salió así y hasta bailó en pleno auditorio. Seguridad en uno mismo no le falta.
No es la primera vez que un presidente municipal de Puebla hace el ridículo. Pero, como en todo, hay niveles.
Y lo de los calzones rosas ya entra en categoría Ridículo VIP.
¿Y por qué sacaron a la Güera?
Hay una pregunta que anda rondando: ¿por qué quitaron de la Secretaría de Bienestar a la autodenominada Güera de Morena?
¿Será que sus escándalos personales ya alcanzaron nivel Salvatori-Palomares, la célebre “pareja del baúl”?
¿Será por aquello de discriminar a los propios morenistas que no comparten su tono de cabello ni de piel?
¿O será por algo bastante menos frívolo?
Porque las malas lenguas contaron a la H. Redacción que habría dinero de obra comunitaria que nomás no aparece. Y, según dicen, no estamos hablando precisamente de tres pesos y un cambio para el camión.
También llegó la versión de que en la Secretaría Anticorrupción existiría una investigación de esas de las que salen chispas.
La H. Redacción, honorable, decente, correcta y enemiga de pensar mal —faltaba más—, pone todo en duda.
¿O no?
Mejor ya no preguntemos tonterías. Vamos por unos calzones rosas y a bailar al auditorio. Parece menos peligroso.
Presidente del pueblo sin gente
Y sí, es cierto: todo apunta a que Pablo Salazar es el nuevo presidente de Morena en Puebla. De facto, porque de iure todavía no.
En el papel sigue mandando Olga Lucía Romero Garci-Crespo, Mónica Caballero o como se llame mañana, porque con ese asunto de los nombres uno ya necesita acta de nacimiento, árbol genealógico y perito en documentoscopía.
El problema es que, según cuentan, a la dirigente ya no la quieren mucho en Tehuacán; tampoco anda precisamente en luna de miel con la familia, con la que mantiene una disputa por una herencia valuada en cientos de millones de dólares, y en Morena la escena empieza a parecer de esas donde todos sonríen, saludan y después hacen exactamente lo que les da la gana.
Así que mientras ella conserva el cargo, otros empiezan a ejercer el poder.
Ya se sabe: hay herencias que dan fortuna y otras que terminan heredando problemas.
