¿Ruptura o regateo?
Si el famosísimo profe Alberto Anaya, líder y amo del PT nacional, anuncia un distanciamiento de Morena por sus decisiones en la selección de candidatos a las gubernaturas, ¿qué hará su alumna favorita en Puebla?
Liz Sánchez tendrá que decidir si busca un acuerdo con quien manda aquí y entrega espacios en alcaldías y diputaciones, si rompe o si presiona con un “háganle como quieran”. Porque una cosa es el discurso nacional y otra soltar las posiciones locales.
El profe Anaya es experto en tirarse al piso. El PT ha sido aliado de todos: nació en el salinismo y terminó entregado al morenovallismo en Puebla. Ya sabemos que la democracia es cosa de griegos y de pendejos. Aquí lo que cuenta es la caja registradora.
Entonces, ¿qué papel jugarán Anaya y Liz Sánchez? No se les ve rompiendo con los gobernadores del país. ¿O sí?
La H.Redacción apuesta a que estirarán la liga pero no la romperán; nunca la han roto, además, solo pesan en las cámaras en los procesos electorales sólo son un dos por ciento.
De lord criptomonedas a Lord Cachetadas
Algo anda mal con el diputado Miguel Márquez Ríos. Lo denunciaron ante la Fiscalía General de la República por su presunta participación en el huachicol eléctrico y, en medio del escándalo, ahora cuentan que agarró a cachetadas a sus propios camaradas de la Sierra Norte, quienes le reclamaron por el tema electoral.
Muy digno, dicen, respondió que le valía una progenitora. Y ¡zas!, soltó un cachetadón guajolotero a un compañero de partido.
¿Y después? Nada. Como si tampoco pasara nada con el presunto robo de energía en Tlaola y en oficinas del Sindicato Mexicano de Electricistas, un caso que ya es escándalo nacional y cuyo monto se calcula en unos 434 millones de pesos.
Así que si se topa con el legislador no le quedará más que poner la otra mejilla o en el mejor de los casos ofrecerle un toque para que se relaje, un toque de cables eléctrico, no del otro, no sea mal pensado.
Ni satélite ni refugio
Hoy por hoy, hay dos actores políticos que no son bien vistos en Palacio Nacional: el PT y Movimiento Ciudadano. A este último no quieren convertirlo en partido satélite. Si lo dejan crecer, podría colarse en 2030, justo cuando PAN y PRI llegan desgastados. Tampoco quieren que se vuelva refugio de morenistas inconformes. Y, como decíamos en el primer tema de esta muy maldita columna para llevar, con el PT tampoco están tan contentos.
En Palacio Nacional miran cómo se mueven las piezas. Les interesan dos cosas: ganar la mayoría de las gubernaturas y que la próxima Cámara de Diputados quede bajo el control de Claudia Sheinbaum.
Para leer el escenario local hay que mirar la fuerza de los senadores, los acuerdos con los gobernadores y que las candidaturas coincidan con encuestas medianamente serias, cercanas a los asesores de la presidenta, como las de Iván Silva.
Lo demás son especulaciones. Y ya se sabe lo que dicen de quienes especulan, que son… que son… que son.. que rico son.
Así que si se topa con el legislador no le quedará más que poner la otra mejilla o en el mejor de los casos ofrecerle un toque para que se relaje, un toque de un cable electrico, no del otro.
