La Corte acomoda un sape guajolotero
La Suprema Corte les acomodó un sape guajolotero a las legislaturas de Durango y San Luis Potosí: invalidó las reglas que obligaban a los partidos a alternar el género de sus candidaturas a la gubernatura.
El mensaje también retumba en Puebla. Aquí, una reforma constitucional dejó prevista esa alternancia para la elección de 2036. Y en la actual legislatura se cabildeó adelantar la medida a 2030, una jugada que muchos leyeron como un intento de cerrarles el paso a posibles aspirantes como Sergio Salomón Céspedes, José Chedraui e Ignacio Mier, más los que se acumulen de aquí al fin de sexenio.
La presidenta Claudia Sheinbaum ya había cuestionado la constitucionalidad de estas reglas. Ahora la Corte puso el tema en blanco y negro: paridad y alternancia obligatoria no son lo mismo.
La resolución no borra por sí sola la reforma poblana. Pero deja a los diputados frente a una pregunta incómoda: ¿van a revisar lo que aprobaron en el pasado o mirarán para otro lado y dejarán que todo quede como anécdota? ¿Seguirán en el cabildeo para el 2030 o buscarán otro tema? ¿Habrá sido un mensaje? Preguntas para joder al vecino.
Total, ¿qué tanto es tantito?
¡Santos sartenazos azules, Batman!
En el PAN poblano no se odian: se detestan. Cada vez que se sientan el grupo de Eduardo Rivera y el de Mario Riestra, vuelan sartenes, platos hondos, colchones, microondas, lavadoras y hasta algo de fierro viejo que vendan.
La semana pasada, por ejemplo, una imagen hecha con inteligencia artificial puso a la regidora Guadalupe Arrubarrena en el cuerpo de un hombre. Genoveva Huerta la compartió y Arrubarrena respondió en X, acusándola de violencia política de género. Después, la publicación desapareció y el tema cambió de rumbo. No llevaba bigote, pero el caballero de la imagen ocupaba su lugar. A doña Lupe la puso furiosa.
La anécdota tuvo su dosis de “¡se están peleando!”, pero el pleito viene de más atrás. Los grupos de Rivera y Riestra no consiguen convivir sin bronca. Los Arrubarrena, panistas de abolengo, cercanos a Rivera y yunques de nacimiento, tampoco parecen tenerle mucho cariño a su dirigencia estatal ni a quienes la acompañan.
La pregunta es cómo van a ponerse de acuerdo para elegir candidaturas. Por ahora, la mayoría parece estar del lado de Riestra; del otro, hacen lo posible por minarle el liderazgo y exhibir a sus cercanos como esquiroles del gobierno estatal.
Así, cada vez que se sientan, alguien termina pagando los platos rotos. O volando con todo y sartén.
Tlaxcala también se juega en Puebla
¿Quién ganó y quién perdió con la designación de la senadora Ana Lilia Rivera Rivera como coordinadora de Morena en Tlaxcala? El tema no tendría mayor importancia en la aldea poblana si dos grupos empresariales no se hubieran metido en la puja por la hermana república.
Del lado de Rivera estaban el empresario de medios Benjamín Paz y Jack Hanan. Con Alfonso Sánchez García se alinearon el constructor y concesionario de autos Edgar Nava y Fernando Alva Arámburo. Así que hagan sus lecturas.
La derrota más clara fue para Lorena Cuéllar Cisneros, quien hizo todo —pero todo es todo— para que quedara su delfín, Alfonso Sánchez. Algunas encuestas nacionales lo daban como ganador; al final, la senadora se quedó con la coordinación y se sumó a la lista de legisladores que dejaron el Senado para buscar una gubernatura.
En Tlaxcala ya se repartieron las primeras facturas. La pregunta es quién pagará la cuenta en Puebla.
