Olga Lucía ya hizo maletas (aunque todavía no lo diga)
Olga Lucía Romero Garci-Crespo tendrá que aclarar ¿se inscribió para competir por Tehuacán? ¿Ya presentó su renuncia a la dirigencia?
La convocatoria obliga a los dirigentes a separarse del cargo en cuanto se registran.
La fecha ya pasó; la explicación aún sigue pendiente.
Hace dos semanas, Morena desmentía su salida y Olga hablaba de “formas y momentos”.
Después admitió que sí lo ha pensado. Mientras tanto, abrió una Casa Política en Tehuacán y las bardas con su nombre llevan ahí desde abril.
Si eso no es precampaña, que alguien les avise a los rotulistas.La silla de la dirigencia ya tiene fila: suenan Eloísa Vivanco y Agustín Guerrero.
Julio Huerta pide que la próxima dirigente sea mujer. Guadalupe Siyancan Peregrina, quien debería asumir por prelación, le cerraron la puerta. Y el CEN morenista todavía podría mandar un delegado: la forma elegante de decir “aquí decidimos nosotros”.
¿Quién palomea primero en el CIS de Atlixcáyotl?
A Olga tampoco le tienen puesta la alfombra roja en Tehuacán. Pedro Tepole ya se inscribió y los militantes pidieron a la dirigencia nacional que revise el proceso con lupa.
A eso se suma el pleito por la herencia de Socorro Romero, una historia que no cabe debajo de una barda recién pintada.En abril, Estela Romero Bringas, de más de 85 años, con EPOC y dependiente permanente de oxígeno, fue sacada de su casa durante un operativo con militares.
Pasó la noche en el penal de Ciudad Serdán por una denuncia que la revista Proceso atribuye a la propia dirigente.
Murió el 26 de septiembre, todavía bajo proceso.
En Tehuacán podrán medir bardas, reconocimiento y simpatías; esa historia no se borra con pintura ni bailando con el chivo que será indultado para la matanza de temporada.
Preguntas para incomodar a una dirigente
¿En qué fecha renunció ante el CEN, si el registro cerró el domingo? ¿Abrió la Casa Política como presidenta o como aspirante? ¿La encuesta medirá solo su nivel de conocimiento o también el peso de una herencia que, según se dice, asciende a 600 millones de dólares? ¿Alguien en la Fiscalía tendrá algo que decir?Y una más: ¿a quién le es leal Olga Romero? ¿A doña Rosario Orozco? ¿A Sergio Salomón Céspedes? ¿A Alejandro Armenta? ¿A sí misma? ¿A la herencia?Se aceptan apuestas.
¿Lalo Rivera ya no es tan Yunque?
Es la pregunta que ronda cafés y oficinas panistas.
Los viejos santones de la derecha poblana ya no parecen arropar a Eduardo Rivera como cuando fue presidente municipal por primera vez, hace casi 15 años.Ha corrido la versión de que Jorge Espina Reyes, viejo líder empresarial, ha mostrado su apoyo a otros personajes del PAN rumbo a 2027, como Genoveva Huerta Villegas.
Y que no necesariamente se ha expresado muy bien de Rivera, quien quiere llevar a Ana Teresa Aranda en la boleta.
Hay quien todavía dice que Rivera es un príncipe de la derecha.
Pero también hay quien asegura que ya no lo ven gritar “¡Dios, Patria, Yunque!” con pantaloncito oscuro y camisita blanca.
Lo cierto es que los astros no se le acomodan: perdió el control del partido y ya casi no tiene consejeros. Su única carta es Ana Teresa Aranda, quien se ha puesto los guantes contra las administraciones estatal y municipal, a diferencia de los demás albiazules.
Y eso puede ser bueno para ella, pero malo para él.
