La Franja no nos representó… y nos volvió a decepcionar…
Se acabó, tres partidos, tres derrotas. Once goles recibidos.
Amigo lector...
Se acabó.
Tres partidos.
Tres derrotas.
Once goles recibidos.
Y una Leagues Cup que el Puebla debería guardar en algún lugar muy lejano de su memoria.
Portland Timbers le hizo cinco.
Austin FC le hizo tres.
San Diego FC le hizo otros tres.
Cero puntos.
Malos resultados.Peores sensaciones.
Y demasiadas preguntas.
Porque perder forma parte del fútbol.
Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es la manera de perder.
Y me parece que el Puebla no solamente regresará de Estados Unidos eliminado de un torneo.
Regresará debiéndole explicaciones a mucha gente.
TRES PARTIDOS... EL MISMO PROBLEMA
Hay un dato que resulta imposible ignorar.
Portland le anotó prácticamente desde el inicio.
Austin también.
San Diego volvió a hacerlo.
Tres partidos.
Tres veces abajo prácticamente desde el vestidor.
Y cuando una situación se presenta una vez puede ser un accidente.
Cuando vuelve a ocurrir...
empieza a preocupar.
Pero cuando sucede tres veces consecutivas...
hay que dejar de buscar explicaciones cómodas.
Algo está pasando.
En los primeros tres partidos de Liga MX ocurrió exactamente lo contrario.
Puebla anotó primero contra Juárez.
Anotó primero contra Cruz Azul.
Y anotó primero contra Guadalajara.Ganó uno.
Perdió otro.
Empató el restante.
Pero en Estados Unidos conocimos a otro Puebla.
Al Puebla de la adversidad.
Y lo que encontramos no fue agradable.
ONCE GOLES NO SON CASUALIDAD
Después de Portland hablamos de desconcierto.
Después de Austin comenzamos a hablar de fragilidad.
Después de San Diego...
Tenemos que empezar a hablar de un problema.
Porque ya no son únicamente errores aislados.
Hay malas coberturas.
Referencias perdidas.
Duelos que no se ganan.
Jugadores llegando tarde.
Defensores mirando la pelota mientras pierden al hombre.
Compañeros que no parecen interpretar las jugadas de la misma manera.
Uno sale.
Otro retrocede.
Uno persigue.
Otro espera.
Y entre todos...
aparecen los espacios.La sensación resulta preocupante.
Por momentos parecen once futbolistas intentando defender.
Pero no necesariamente un equipo defendiendo.
¿FALTA DE CALIDAD?
Seguramente también.
No nos engañemos.
El Puebla tiene uno de los planteles más modestos del fútbol mexicano.
Y Gerardo Espinoza habló durante la Leagues Cup de las diferencias presupuestales existentes frente a algunos de sus adversarios.
Es verdad.
El dinero importa.
La calidad individual importa.
Los buenos futbolistas resuelven situaciones que otros simplemente no pueden resolver.
Pero tampoco utilicemos el presupuesto como escondite.
Porque una cosa es tener menos calidad.
Y otra muy diferente es perder la concentración.
Una cosa es ser superado técnicamente.
Y otra perder referencias.
Una cosa es que el rival tenga mejores jugadores.
Y otra, entrar tres partidos consecutivos recibiendo golpes prácticamente desde el vestidor.
Eso no cuesta millones.
Eso se trabaja.
¿Y LA DIRECCIÓN TÉCNICA?
Aquí llegamos inevitablemente a Gerardo Espinoza.Después de seis partidos oficiales ya tenemos información suficiente para empezar a
formular preguntas.
Tres de Liga MX.
Tres de Leagues Cup.
Una victoria.
Un empate.
Cuatro derrotas.
Y no estoy diciendo todavía que Gerardo Espinoza haya fracasado.
Sería prematuro.
Estoy preguntando algo mucho más sencillo:
¿Dónde estuvo la dirección técnica durante esta Leagues Cup?
Porque Portland descubrió problemas.
Austin volvió a encontrarlos.
Y San Diego nuevamente los aprovechó.
¿Dónde estuvieron las correcciones?
¿Dónde estuvieron los ajustes?
¿Dónde estuvo la capacidad para detener los partidos?
¿Dónde estuvo el aprendizaje entre una derrota y la siguiente?
Un entrenador puede equivocarse.
Naturalmente.
Forma parte del oficio.
Lo verdaderamente preocupante comienza cuando el adversario siguiente descubre aquello
mismo que encontró el anterior.
PERDER NO ES LO MISMO QUE NO CORREGIR
Contra Portland vimos aquellos minutos macabros.Tres goles prácticamente en racimo.
Puebla perdió el control del partido y nunca consiguió recuperarlo.
Contra Austin apareció nuevamente la vulnerabilidad.
Dos goles prácticamente inmediatos.
Contra San Diego volvió a recibir primero.
Esta vez Puebla consiguió empatar.
Pero incluso ese empate merece ser observado con cuidado.
Hubo mérito en buscarlo.
Pero también bastante fortuna en encontrarlo.
El marcador decía que Puebla había reaccionado.
El funcionamiento no necesariamente decía lo mismo.
Y ahí aparece una de esas diferencias que muchas veces el resultado esconde.
Una reacción en el marcador no siempre significa una reacción futbolística.
Puedes empatar porque corregiste el partido.
O puedes empatar porque una pelota terminó favorablemente dentro del área.
El marcador registra ambas exactamente igual.
El entrenador no debería hacerlo.
JUGADORES Y ENTRENADOR
Tampoco sería justo cargar los once goles exclusivamente sobre Gerardo Espinoza.
El entrenador puede ordenar una cobertura.
El futbolista debe ejecutarla.
Puede trabajar una marca.
El jugador debe respetarla.
Puede pedir concentración.Después alguien tiene que permanecer concentrado.
Y aquí los jugadores del Puebla también tienen muchísimo que explicar.
Porque hubo errores individuales.
Muchos.
Desconcentraciones.
Muchas.
Y una preocupante falta de comunicación entre compañeros.
Gerardo Espinoza tendrá entonces que tomar decisiones.
Porque construir un equipo también consiste en descubrir quién puede ejecutar tu idea y
quién no.
Si una pareja defensiva no funciona...
habrá que cambiarla.
Si un futbolista continúa perdiendo referencias...
habrá que decidir.
Si determinada zona sigue siendo vulnerable...
habrá que protegerla.
Construir también significa seleccionar.
Y algunas veces...
descartar.
PERO ESTO NO TERMINA EN LA CANCHA
Y aquí, amigo lector, llegamos a algo que me parece todavía más grave.
El Puebla no viajó solamente como equipo de fútbol.
Viajó representando una ciudad.
Una historia.
Un escudo.Una camiseta.
La Franja.
Y viajó a un país donde viven miles de poblanos.
Hombres y mujeres que dejaron su tierra hace años.
Algunos quizá décadas.
Personas que siguen llevando a Puebla en la memoria aunque sus hijos hayan nacido del
otro lado de la frontera.
Y para ellos la visita del Puebla FC podía significar mucho más que noventa minutos de
fútbol.
LOS QUE TOMARON EL FREEWAY
Piense usted en ellos.
Algunos recorrieron cientos de kilómetros.
Tomaron el freeway.
Alguna carretera interestatal.
Manejaron durante horas.
Pagaron gasolina.
Estacionamiento.
Boletos.
Comida.
Quizá una noche de hotel.
Y llevaron a sus hijos.
Niños que probablemente nacieron en Estados Unidos.
Pero crecieron escuchando hablar de Puebla.
De la tierra de sus padres.
De sus abuelos.De sus ancestros.
Quizá alguno de esos padres pudo voltear hacia su hijo mientras llegaban al estadio y
decirle:
“Mira, hijo... Este es el equipo de nuestra tierra.”
Y después...
menuda presentación.
ELLOS TAMBIÉN MERECÍAN ALGO
No necesariamente una victoria.
El deporte nunca puede garantizarla.
Pero sí podían exigir entrega.
Concentración.
Competencia.
Orgullo.
Representación.
Porque una camiseta no solamente se utiliza.
Se representa.
Y esos jugadores no viajaron únicamente como profesionales del fútbol.
Viajaron como embajadores de Puebla.
Como jugadores quedaron en deuda.
Como equipo quedaron en deuda.
Como embajadores también.
Y la institución...
otra vez quedó a deberle a su afición.
UNA LEAGUES CUP PARA EL OLVIDOTres ciudades.
Tres partidos.
Tres derrotas.
Once goles recibidos.
Pero quizá la verdadera cuenta pendiente no aparezca en ninguna estadística.
Porque Puebla no solamente quedó eliminado de la Leagues Cup.
Perdió una extraordinaria oportunidad de reencontrarse dignamente con miles de poblanos
que viven lejos de casa.
Con aquellos que todavía conservan la camiseta.
Con quienes heredaron el amor por la Franja.
Y con los niños que quizá conocieron por primera vez en persona al equipo del que sus
padres o sus abuelos les habían hablado durante años.
Perder se permite.
Decepcionar puede suceder.
Lo que una institución nunca debería permitir es dejar de representar dignamente a quienes
todavía creen en ella.
AHORA VIENE PACHUCA
Pero el fútbol tiene algo maravilloso.
Siempre entrega otra oportunidad.
Y para Gerardo Espinoza llegará inmediatamente.
Pachuca.
Jornada cuatro de la Liga MX.
Y aunque pueda parecer exagerado después de solamente seis partidos oficiales...
probablemente sea ya el partido más importante de su joven gestión en Puebla.
Porque ahora tendremos que descubrir si las tres derrotas en Estados Unidos sirvieron de
algo.Si dejaron aprendizaje.
Si provocaron correcciones.
Si modificaron decisiones.
Si ayudaron a identificar quién puede jugar y quién no.
O si, por el contrario, el Puebla ya comenzó a meterse en un tobogán.
En uno de esos hoyos negros futbolísticos donde cada derrota comienza a alimentar la
siguiente.
Gerardo Espinoza llega hasta aquí con seis partidos oficiales.
Una victoria.
Un empate.
Cuatro derrotas.
Y aquí aparece una regla cruel del fútbol.
Las malas rachas son muy fáciles de comenzar...
y extraordinariamente difíciles de terminar.
Por eso los buenos entrenadores intentan cortarlas antes de que existan.
Porque cuando un equipo empieza a acostumbrarse a perder, el siguiente partido ya no se
juega solamente contra el rival.
Se juega contra las derrotas anteriores.
PERSEGUIR LAS PÉRDIDAS
Y aquí hay algo que Gerardo Espinoza debe evitar inmediatamente.
En los negocios existe una conducta peligrosísima.
Perder.
Volver a perder.
Y comenzar entonces a tomar decisiones desesperadas intentando recuperar
inmediatamente todo aquello que ya se perdió.
En el fútbol ocurre exactamente lo mismo.El entrenador empieza a perseguir las pérdidas.
Cada partido carga entonces con el peso del anterior.
Cambias porque perdiste.
Arriesgas porque necesitas recuperar.
Te precipitas porque necesitas ganar.
Y cuando quieres darte cuenta...
ya no estás dirigiendo el partido que tienes enfrente.
Estás intentando corregir todos los que dejaste atrás.
Pachuca puede impedir que eso suceda.
O puede acelerarlo.
Por eso el siguiente partido ya no será uno más.
Será la primera gran respuesta que Gerardo Espinoza tendrá que entregarnos.
No solamente necesitamos saber si Puebla puede ganar.
Necesitamos descubrir si aprendió a dejar de perder.
Porque hace dos semanas dijimos:
Primero se construye una idea... después llegan los resultados.
Después agregamos:
Construir también significa corregir.
Hoy tenemos que agregar una tercera condición.
Antes de construir... hay que competir.
La Leagues Cup terminó.
La vergüenza deportiva debe quedarse como aprendizaje.
Ahora viene Pachuca.
Y ahí comenzaremos a descubrir si Estados Unidos sirvió para construir algo...o solamente para acumular derrotas.
Mientras tanto, nosotros...
VEREMOS Y DIREMOS.
Hasta la próxima.
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