Los bordados y textiles de Hueyapan, son declarados patrimonio cultural de Puebla

Hablar de los textiles y bordados artesanales de Hueyapan es hablar de piezas tanto utilitarias como decorativas, elaboradas por completo a mano, principalmente a partir de fibras de lana ovina. Su proceso tradicional comprende el hilado, el urdido, el teñido y el tejido, etapas en las que se conservan prácticas ancestrales que respetan las características naturales de la materia prima.

A esta técnica se suma un tipo particular de teñido que emplea colorantes de origen vegetal, mineral e insectil, extraídos de plantas tintóreas, cortezas, flores, hojas, raíces, frutos y grana cochinilla, combinados con mordientes tradicionales. En paralelo, las y los artesanos también recurren a hilos de lana adquiridos comercialmente y a materiales acrílicos, con lo que enriquecen la paleta de combinaciones posibles en cada pieza.

Por el valor de esta tradición, los textiles y bordados de Hueyapan fueron reconocidos como Patrimonio Cultural Intangible del Estado de Puebla, una declaratoria que reconoce la preservación de técnicas artesanales de raíz mesoamericana, transmitidas de generación en generación hasta la actualidad.

El decreto correspondiente, emitido por el gobierno estatal, fue entregado de manera simbólica en el marco de la Feria Municipal de Hueyapan, un espacio donde se subrayó tanto el valor histórico de las piezas textiles como la labor de las maestras y los maestros tejedores que mantienen viva esta expresión cultural poblana.

En cada bordado y en cada textil de Hueyapan, sus creadoras y creadores plasman su entorno natural junto con los saberes heredados de sus ancestros. Un ejemplo de ello son las piezas del colectivo nahua Tamachij-Chihuatl, originario de la comunidad, que este año suma 47 años de existencia.

Su fundadora, Teresa Lino Bello, fue distinguida en 2018 con el Premio a la Trayectoria Artesanal, otorgado por el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart). Para ella, el trabajo de las mujeres de la comunidad tiene una doble dimensión: es tangible, en tanto retrata las plantas medicinales y comestibles de su entorno natural y cultural, e intangible, al dar forma visual a relatos transmitidos oralmente por generaciones anteriores. En una entrevista previa, explicó que esas narraciones incluyen creencias como la del árbol de la vida y del futuro, acompañado de figuras animales, así como la idea de que, al morir, las personas no desaparecen sino que su espíritu se transforma, concepto que en la región recibe distintos nombres: nahual, espíritu o tona.

Este reconocimiento se suma a otras declaratorias otorgadas previamente por el estado de Puebla, entre ellas la del mole de caderas, platillo emblemático de la región de Tehuacán, valorado por su significado cultural, histórico y tradicional, así como la elaboración del chile en nogada, plato característico de esta temporada del año.

También forman parte de este catálogo el Trueque de San Pedro Cholula, celebrado cada 8 de septiembre y reconocido por su permanencia milenaria, su carácter espontáneo y los valores antropológicos, históricos, artísticos y tradicionales que representa. A ellos se suman los Altares Monumentales de Huaquechula, distinguidos en 1997 por el sincretismo que expresan entre elementos de las prácticas religiosas del México antiguo y la tradición católica.

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