MURDOCH, INFANTINO, HUGO Y LAPUENTE

Amigo lector, hoy le hablaré de cuatro personajes que, desde trincheras muy distintas, nos permiten entender tres dimensiones del fútbol. El poder de quienes manejan sus instituciones y sus grandes negocios, la grandeza de quienes alcanzan la cima dentro de una cancha y el liderazgo de aquellos capaces de convertir a otros en campeones.

Amigo lector, hoy le hablaré de cuatro personajes que, desde trincheras muy distintas, nos permiten entender tres dimensiones del fútbol.

El poder de quienes manejan sus instituciones y sus grandes negocios, la grandeza de quienes alcanzan la cima dentro de una cancha y el liderazgo de aquellos capaces de convertir a otros en campeones.

Tres historias diferentes, pero unidas por un mismo protagonista.

Ese balón que despierta pasiones, mueve miles de millones de dólares y, para bien o para mal, termina poniendo a cada quien en su lugar.

Permítame explicarle.

---

MURDOCH Y SU PÉNDULO: AHORA RESULTA QUE INFANTINO NO ERA TAN MALO COMO PARECÍA

En el fútbol mundial hay algo mucho más importante que los discursos, las buenas intenciones y hasta las supuestas convicciones de sus dirigentes.

Los intereses.

Y cuando esos intereses se cuentan en miles de millones de dólares, conviene observar quién habla, quién publica, quién filtra y, sobre todo, quién se beneficia.

Fue precisamente The Times de Londres, perteneciente al imperio mediático de Rupert Murdoch, el periódico al que las primeras crónicas internacionales atribuyeron la revelación, el 28 de julio, del proyecto FIFA Forward Enterprise.

La propuesta contemplaba una empresa comercial valorada inicialmente en 20,000 millones de dólares, con inversión privada minoritaria. Entre los posibles participantes figuraba Thrive Eternal, vinculada con Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump.

No era un acuerdo firmado, sino un proyecto sujeto a aprobación.

La revelación provocó una reacción inmediata de UEFA y abrió una controversia que pronto se extendió a la conducción de Infantino. Después vendrían otras investigaciones periodísticas, algunas con señalamientos muy graves.

Fue el inicio de lo que, por la intensidad de los ataques, podríamos llamar una auténtica «cacería de brujas» mediática. Pero una interpretación no equivale a demostrar una campaña coordinada.

Durante las semanas siguientes, The Times publicó investigaciones que colocaron al presidente de FIFA, Gianni Infantino, contra la pared.

Remuneraciones supuestamente ocultas, operaciones inmobiliarias cuestionadas y una administración bajo sospecha.

Pero mire usted cómo cambian las cosas.

El 20 de octubre, el mismo periódico rectificó expresamente las afirmaciones sobre un supuesto segundo sueldo de Infantino y sobre la adquisición y propiedad de un inmueble en Miami.

Reconoció errores y pidió disculpas.

Tres días después, Sheikh Salman, presidente de la Confederación Asiática, anunció su respaldo a la reelección del dirigente suizo, pese a haber acompañado en agosto a UEFA y Concacaf en una carta que cuestionaba la confianza en su administración.

Y ayer, 24 de octubre, The Times volvió a ocuparse de Infantino.

¿Para denunciarlo nuevamente?

No. Esta vez informó algo muy distinto: que el presidente de FIFA, fortalecido por sus recientes alianzas, asegura contar con el respaldo de una mayoría abrumadora de las federaciones nacionales.

¡Vaya movimiento del péndulo!

¿Cambió Infantino? ¿Cambió la información? ¿O simplemente cambió la dirección del péndulo?

No nos confundamos.

Que The Times haya rectificado determinadas acusaciones no convierte a Infantino en un santo, ni resuelve los cuestionamientos sobre gobernanza.

Pero tampoco una investigación periodística constituye por sí misma una sentencia condenatoria.

Y aquí comienza lo verdaderamente interesante.

Murdoch no es solamente un poderoso empresario de la comunicación. Su universo empresarial también tiene intereses económicos en el fútbol mediante Fox y los derechos audiovisuales.

Precisamente el 22 de octubre, FIFA abrió la licitación de los derechos audiovisuales del Mundial 2030 en Estados Unidos y Puerto Rico, con la opción de incluir 2034.

Es un mercado donde Fox, titular de los derechos en inglés de los últimos tres Mundiales, compite con otros gigantes de la televisión y las plataformas digitales.

Hablamos de contratos multimillonarios y de una disputa por controlar uno de los negocios más rentables del deporte.

Por eso sería ingenuo interpretar el enfrentamiento entre FIFA y UEFA exclusivamente como una discusión sobre transparencia o principios deportivos.

La UEFA defiende su influencia y sus competiciones. FIFA busca nuevas fuentes de recursos, aunque el proyecto FIFA Forward Enterprise terminó abandonado tras las críticas.

Las televisoras protegen sus inversiones y las federaciones nacionales aspiran a recibir mayores fondos.

Cada quien tiene sus intereses.

Ahora bien, identificar esos intereses no significa demostrar una operación coordinada contra Infantino.

Hasta hoy no existe evidencia pública suficiente para afirmar que Murdoch haya ordenado una campaña contra el presidente de FIFA.

Pero las preguntas permanecen.

¿Quién proporcionó las filtraciones originales? ¿Qué intereses podrían beneficiarse de un presidente debilitado? ¿A quién convendría que FIFA renunciara a determinados proyectos comerciales?

Porque quizá algunos adversarios de Infantino ni siquiera necesiten derrotarlo electoralmente.

Quizá les baste con limitar su capacidad de decisión.

Y ahí está el verdadero fondo de esta disputa.

No solamente quién presidirá FIFA, sino quién tendrá influencia sobre los miles de millones de dólares que producirá el fútbol mundial durante la próxima década.

Porque en el fútbol internacional los péndulos no siempre se mueven por convicciones.

A veces se mueven por intereses.

Y cuando esos intereses se cuentan en miles de millones de dólares, conviene mirar quién sostiene el péndulo.

---

HUGOL, EL ÚNICO MEXICANO QUE ALCANZÓ EL FIRMAMENTO MUNDIAL… Y 50 AÑOS DESPUÉS SIGUE SOLO

El pasado viernes 23 de octubre se cumplieron 50 años del debut profesional de Hugo Sánchez Márquez, aquel muchacho de 18 años que apareció con los Pumas frente a Tigres, en Monterrey.

Era 1976.

Medio siglo después, los homenajes, las fotografías, las chilenas y las inolvidables volteretas son merecidos.

Pero permítame ir más lejos.

¿Por qué México no ha conseguido producir otro futbolista que alcance la dimensión mundial de Hugo Sánchez?

No nos confundamos.

Rafael Márquez construyó una trayectoria extraordinaria en el Barcelona. Andrés Guardado y Javier Hernández triunfaron en Europa. Cuauhtémoc Blanco tuvo un talento indiscutible, aunque no consiguió consolidarse en el Valladolid.

Tampoco olvidemos a Pável Pardo y Ricardo Osorio, quienes llegaron al Stuttgart, conquistaron la Bundesliga en 2007 y demostraron que los mexicanos podían ganar y mantenerse en el exigente fútbol alemán.

Todos merecen reconocimiento.

Pero triunfar internacionalmente no significa necesariamente alcanzar la categoría de figura histórica mundial.

Y para que las nuevas generaciones comprendan quién fue Hugol, HS9, utilizaremos una referencia que conocen perfectamente.

Cristiano Ronaldo. CR7.

No para decidir quién fue mejor, sino para dimensionar al mexicano.

Mire usted.

Cristiano llegó al Real Madrid en 2009, después de ganar una Champions League y un Balón de Oro con el Manchester United. En nueve temporadas marcó 451 goles oficiales, conquistó cuatro Champions, dos Ligas españolas y tres Trofeos Pichichi.

Hugo llegó en 1985, procedente del Atlético de Madrid, donde ya había ganado su primer Pichichi. En siete temporadas con los merengues anotó 208 goles oficiales, conquistó cinco Ligas consecutivas, una Copa de la UEFA, una Bota de Oro europea y cuatro Pichichis.

Sí, amigo lector. Hugo Sánchez ganó más Pichichis con el Real Madrid que Cristiano Ronaldo.

Cuatro contra tres.

Y más campeonatos de Liga.

Cinco contra dos.

Ahora bien, Cristiano tuvo una frecuencia goleadora superior y ganó cuatro Champions. Sería absurdo negarlo.

Los registros estadísticos históricos consultados sitúan al portugués alrededor de los 84 minutos por gol, frente a aproximadamente 119 del mexicano.

Pero ampliemos la comparación.

Entre cinco de los máximos goleadores extranjeros de la historia madridista, Ferenc Puskás necesitaba alrededor de 97 minutos para anotar; Alfredo Di Stéfano, 116; Hugo Sánchez, 119; y Karim Benzema, 134.

Son estimaciones, no registros de minutos certificados de manera homogénea por el club.

Aun con esa reserva, la comparación permite apreciar algo extraordinario: Hugo figura entre los cinco máximos goleadores nacidos fuera de España que han vestido la camiseta del Real Madrid y presenta una frecuencia goleadora muy próxima a la de Di Stéfano.

Y hay una circunstancia que merece atención.

No es lo mismo formarse en el fútbol europeo que abrirse camino desde México, donde entonces existía una presencia mucho menor de jugadores en las grandes ligas del continente.

Cristiano, portugués, llegó al Madrid consagrado por el Manchester United.

Hugo tuvo que salir de Pumas, conquistar su lugar en el Atlético y después imponerse en el Santiago Bernabéu.

La exigencia madridista alcanza a todos. Pero quien llega del extranjero también debe superar las dificultades de adaptación y justificar las expectativas depositadas en su contratación.

Hugo no fue a Europa para acompañar a los grandes. Fue para competir contra ellos. Y terminó formando parte de su historia.

Ahí está su verdadera dimensión.

Ahora volvamos a México.

En estos cincuenta años hemos visto desfilar generaciones de futbolistas, entrenadores y dirigentes. Se han multiplicado las academias, los centros de formación y los proyectos que prometen transformar nuestro fútbol.

¿Y el segundo Hugo Sánchez?

Seguimos esperándolo.

¿Será que México carece de talento suficiente?

¿O será que nuestro sistema no ha sabido identificarlo, desarrollarlo y llevarlo hasta la élite mundial?

Hoy aparece Gilberto Mora, un joven de condiciones prometedoras y una carrera todavía por construir.

Ojalá llegue muy lejos.

Pero no confundamos una promesa con una trayectoria histórica.

El talento se descubre. La grandeza se demuestra.

Y Hugo la demostró durante años, frente a los mejores defensores del mundo y bajo la exigencia permanente del Real Madrid.

Por eso, quizá el mejor homenaje de este cincuentenario no sea recordar sus goles ni sus volteretas, sino preguntarnos qué hemos hecho durante medio siglo para que otro mexicano pueda recorrer un camino semejante.

Porque el problema no es que Hugo Sánchez haya llegado tan alto.

El problema es que, cincuenta años después de su debut, sigue estando allá arriba, prácticamente solo, esperando que otro mexicano consiga acompañarlo.

---

MANUEL LAPUENTE: UN HOMBRE DE FE QUE LA TRANSMITÍA Y ROMPÍA SEQUÍAS DE CAMPEONATOS

Hoy domingo 25 de octubre se cumple un año del fallecimiento de don Manuel Lapuente.

Muchos recordarán sus campeonatos, sus anécdotas, aquella inseparable boina de estilo vasco y el carácter de un hombre que nunca pasó inadvertido en los banquillos del fútbol mexicano.

Pero permítame recordar a Manolo desde una perspectiva distinta.

Porque después de revisar su trayectoria encontramos algo que quizá explica mejor su grandeza que los propios trofeos.

Manuel Lapuente tenía una virtud que no se aprende en los cursos de entrenador: sabía devolverles la fe a los futbolistas y a las instituciones que habían dejado de creer que podían ser campeones.

Mire usted.

Cuando hizo campeón al Puebla en la temporada 1982-83, La Franja jamás había conquistado un título de Liga.

No terminó con una sequía. Terminó con toda una historia sin campeonatos.

Siete años después volvió a llevar al Puebla a la cima, conquistando en 1989-90 la Liga, la Copa México y la distinción de Campeonísimo.

En 1991 añadió la Copa de Campeones de la Concacaf.

Pero lo verdaderamente revelador vendría después.

Al concluir la temporada 1993-94, Enrique Borja lo llevó al banquillo del Necaxa, una institución que no ganaba un campeonato de Liga desde 1937-38, cuando todavía se disputaba la época amateur.

¡Cincuenta y siete años de espera!

Más de medio siglo sin celebrar una corona de Liga y toda una era profesional sin conocer ese privilegio.

Manolo llegó y ganó el campeonato de 1994-95.

¿Y sabe qué hizo al año siguiente?

Volvió a ser campeón.

Convirtió 57 años de espera en un bicampeonato.

No nos confundamos. Aquello no fue producto de una simple charla motivacional. Había trabajo, disciplina, organización, talento y una directiva que respaldó el proyecto.

Pero también existía un entrenador que sabía convencer a sus futbolistas de que podían alcanzar lo que durante décadas había parecido imposible.

Y todavía faltaba el América.

Cuando Lapuente conquistó el Verano 2002, las Águilas llevaban trece años sin ganar una Liga.

Trece años de frustraciones para una institución cuya historia le exigía ser campeona.

Manolo volvió a hacerlo.

Cinco campeonatos de Liga con tres clubes diferentes.

Puebla, Necaxa y América.

Sin embargo, quizá su conquista más trascendente no ocurrió con ninguno de ellos.

Ocurrió con la Selección Mexicana.

En 1998 ganó la Copa Oro y un año después llevó a México a disputar la final de la Copa Confederaciones frente a Brasil.

Sí, aquel Brasil de Dida, Emerson, Zé Roberto y un jovencísimo Ronaldinho en el ataque.

El 4 de agosto de 1999, en el Estadio Azteca, México derrotó 4-3 a los brasileños.

Por primera vez, nuestra Selección Mayor conquistaba un torneo mundial organizado por la FIFA.

Y detrás de aquella victoria estaba nuevamente Manuel Lapuente.

Esta vez no se trataba de romper la sequía de un club.

Se trataba de conseguir que una selección acostumbrada a competir contra las grandes potencias creyera que también podía derrotarlas en una final.

¿Coincidencia?

Cada quien tendrá su opinión.

Pero cuando un mismo entrenador consigue transformar tantas historias diferentes, vale la pena preguntarse qué tenía aquel hombre que otros no lograban transmitir.

Y hay algo más.

Lapuente tampoco necesitaba permanecer en el banquillo para participar en la construcción de equipos campeones.

En el Clausura 2005, como vicepresidente deportivo del América, formó parte de la estructura que conquistó otro título de Liga, esta vez con Mario Carrillo como director técnico.

El mérito de conducir al equipo desde la cancha correspondió a Carrillo. El de Lapuente fue ejercer una responsabilidad distinta, desde la dirección deportiva.

Manolo también dejó una escuela.

Raúl Arias, quien había sido su auxiliar en Necaxa, dio continuidad a aquel proyecto y conquistó el campeonato del Invierno 1998. Luis Fernando Tena, quien también trabajó a su lado, terminaría conduciendo a México a la histórica medalla de oro olímpica de Londres 2012.

Por supuesto, cada entrenador construyó sus propios méritos. Pero la influencia de Manolo trascendió sus años en el banquillo.

Porque una cosa es ganar campeonatos y otra muy distinta es transmitir conocimientos, convicciones y una filosofía capaz de sobrevivir a quien la enseñó.

Eso también fue el lapuentismo.

Hoy, a 36 años del último campeonato de Liga del Puebla, la reflexión resulta inevitable.

Con el paso del tiempo, nuestra institución no solamente perdió a aquellos futbolistas campeones. También fue dejando atrás una cultura de exigencia, liderazgo y convicción que alguna vez le permitió competir por todo.

Y quizá por eso el mejor homenaje a Manuel Lapuente no consista en enumerar sus trofeos, sino en comprender lo que hacía para conseguirlos.

Manolo no llegaba a las instituciones para administrar su historia. Llegaba para cambiarla.

No necesitaba encontrar futbolistas que se sintieran campeones.

Los convencía de que podían serlo.

Y cuando aquella fe se convertía en convicción, los campeonatos dejaban de parecer imposibles.

Porque, al final, su mayor legado no fueron solamente los trofeos que levantó.

Fueron los campeones que ayudó a construir y la escuela futbolística que dejó como herencia: el lapuentismo.

Y cómo olvidar aquella manta que apareció en el estadio Cuauhtémoc después del campeonato de 1989-90.

Una frase que resumía el reconocimiento de una afición a un entrenador que había creído antes que muchos de ellos:

«PERDÓNANOS, LAPUENTE, TENÍAS RAZÓN».

Treinta y seis años después, aquellas palabras adquieren un significado todavía mayor.

Porque Manolo tuvo razón en algo que el Puebla parece haber olvidado:

Para ser campeón, primero hay que creer que se puede serlo.

Descanse en paz, don Manuel.

Un fuerte aplauso, y mi reconocimiento y admiración hasta el cielo.

Mientras tanto, nosotros...

Veremos y diremos.

Sígueme en mis redes sociales:

X: @pepehanan

Instagram: @pepehanan

Threads: @pepehanan

Facebook: pepehanan

TikTok: @pepehanan1

YouTube: enlineadeportiva

Comparte este artículo: