El concreto tiene memoria

El gobernador Alejandro Armenta Mier soltó que 90 por ciento de los alcaldes separados del cargo tenía constructoras.

No dio nombres, pero en el cemento siempre quedan las malditas huellas.

El primer apellido es González Vieyra. Ramiro fue director general de la constructora Gombia.

Cuando Uruviel gobernaba Tlachichuca, le entregó a su hermano la remodelación de la plaza principal por 43 millones de pesos.

Después, ya instalado en Ciudad Serdán, Uruviel concentró 139 de 143 contratos de obra pública en cuatro empresas: 221 millones de pesos repartidos entre muy pocas manos.

Giovanni tampoco era ajeno al negocio: ingeniero civil, trabajó para una constructora y, desde la alcaldía de Tlachichuca, distribuyó 17 millones de pesos entre cuatro compañías.

Eso no demuestra que todas fueran propiedad de los hermanos, pero sí que el clan conocía los dos lados del escritorio: el que entrega la obra y el que cobra.

Tres hermanos, tres municipios y mucho cemento.

Más mezcla maistro’ o le remojo los adobes

Y ya metidos en la mezcla, el diputado Elpidio Díaz Escobar aseguró que 80 por ciento de los alcaldes poblanos tiene constructoras y se autoasigna la obra pública.

Tampoco dio nombres. Pero si hacemos cuentas —dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis—, el legislador está hablando de alrededor de 174 presidentes municipales que serían autoridad, contratista y beneficiario al mismo tiempo.

Por cierto, la mayoría de los ayuntamientos está en manos de Morena y sus partidos aliados, de los que él forma parte.

¿Será que el golpe en la mesa de Alejandro Armenta fue una advertencia para que le paren a los moches, las comisiones y las llamadas milpas? ¿Será un “te lo digo, Juan, para que escuches, Rogelio”?

No sería la primera vez que políticos utilizan empresas propias, familiares o prestanombres para sangrar al erario.

La diferencia es que ahora la denuncia salió desde el propio poder. La araña sigue investigando.

Defiéndase solo

¿Se han dado cuenta de que _Morena Puebla_ jamás —ni por equivocación— defiende a la administración estatal ante los ataques de cuentas bot, anónimos y hasta militantes contra proyectos como el Cablebús?

Cuando llegan las flechas, la dirigencia estatal se agacha y se va de lado… querido amigo.

Olga Lucía —o Mónica Caballero, según el día— Romero Garci-Crespo prefiere presumir fotografías de la fachada del Museo Barroco, obra emblemática del morenovallismo.

¡Poing!

O inaugurar bardas escolares que después terminan cayéndose en Tehuacán.

¡Recontra poing! Uno esperaría que el partido pusiera el pecho para defender al gobierno surgido de sus filas, pero sus dirigentes prefieren posar, repartir credenciales y hacerse los distraídos.

En Morena, defender el proyecto parece opcional. Repartir credenciales, obligatorio.

Lo demás es lo de menos.

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